HouaseAd
Issue: May 2008 — Mayo 2008

Valderrama

Legados

Alguna vez, un caracol orgulloso, subido sobre un obelisco, miró el rastro que dejaba su propia baba y dijo: “Ahora me doy cuenta de que dejaré una huella para la historia”.
Hablando de dejar huella, una de las historias mas fascinantes es la de el sueco Alfredo B. Nobel, conocido en el mundo entero por los premios Nobel. Sin embargo, pocos saben que él es el inventor de la dinamita y que, merced a ello, amasó una gran fortuna produciendo explosivos que fueron utilizados en las guerras para matar seres humanos.
Qué motivó a este fabricante de explosivos a dedicar su fortuna a premiar a quienes benefician a la humanidad? La historia dice que fue una confusión.
Cuando murió el hermano de Nobel, un diario publicó un extenso obituario de Alfredo Nobel, creyendo que era él quien había fallecido. Nobel leyó su supuesto obituario en vida con lo cual quedó horrorizado.
El diario lo describía como una vergüenza para la humanidad, porque había hecho posible matar a más personas más rápido que cualquier otro hombre sobre la faz de la Tierra. En ese momento, Alfredo se dio cuenta que así era como sería recordado. Y ello le cambio la vida.
Ese error fue su inspiración. Ahora todos lo conocen como uno de los grandes de la historia y quien ha dejado un legado nobilísimo, mismo que engrandece a la raza humana.
Hay otros hombres en la historia que han dejado grandes herencias. Otro de esos grandes es Karol Wojtyla. Generalmente, cuando se busca exaltar su grandeza, su recurre a los números estadísticos, porque rompió todos los récords. Pero su calibre espiritual estuvo anclado también en su sencillez.
Al final de sus días, en su testamento espiritual, el laureado pontífice dijo lo siguiente: “A todos doy las gracias… A todos pido perdón… Pido también oraciones para que la misericordia de Dios se muestre más grande que mi debilidad y mi indignidad. No dejo tras de mí propiedad alguna de la que sea necesario disponer. En cuanto a las cosas de uso cotidiano que me servían, pido que se distribuyan como se considere oportuno. Que se quemen mis apuntes personales. Pido que se encargue de todo esto don Estanislao, a quien doy las gracias por la colaboración y la ayuda tan prolongadas en estos años y tan grande. Todos los demás agradecimientos, en cambio, los dejo en el corazón ante Dios mismo, porque es difícil expresarlos”.

El legado de Cristo debe inspirar la esperanza en una humanidad capaz de amar y aniquilar rencores.

Y la lista de los grandes de la historia podría ser larga e interminable. Otros legados en la historia son tambien imperecederos, como el legado de la madre Teresa de Calcuta, quien alguna vez expresó: “Lo único que quiero dejar cuando yo muera, son las semillas de amor que deje sobre la tierra”.

Todos los seres humanos debemos dejar huella
positiva .
Todos debemos ser recordados con cariño por lo menos por los nuestros.

Y que decir del legado del visionario de los derechos humanos, el gran Martin Luther King Jr. quien soñó con un mundo igualitario Su vida y obra sacudió la consciencia de la humanidad entera.
La gran mayoría de los seres humanos sin duda pasaremos por este mundo sin ingresar a ningún salón de la fama, ni quedar registrados en los anales de la historia de los grandes. Pero aún así, tenemos la responsabilidad moral de dejar una marquita; aquello por lo que deseamos ser recordados; por lo menos entre los nuestros.
Por eso, aprendamos del personaje que dejó el legado más sublime de la historia: Jesucristo. Si Jesús hubiera escrito un testamento, como se hace hoy, quizá hubiera dicho así: “Yo Jesús de Nazareth, hijo de María, habiendo llegado al final de mi peregrinar por esta Tierra, en pleno uso de mis facultades, declaró lo siguiente: no dejó tras de mi propiedad alguna de la que sea necesario disponer, pero declaró firmemente que es mi voluntad que se amen los unos a los otros como yo los he amado; y por este amor reconocerán que son mis discípulos. Sepan que no los dejaré desamparados sino que volveré a ustedes. Que no se turbe su corazón. Si creen en Dios también crean en mi. Que si yo, que soy el maestro les he lavados los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros; que si entienden esto y lo ponen en practica serán dichosos”.
He ahí el legado máximo de la historia que debe inspirar la esperanza en una humanidad capaz de amar, y de aniquilar para siempre el fantasma de la guerra. Por eso, sea cual fuere nuestro aporte, en nuestro brevísimo paso por la Tierra, algo debe de quedar claro: Ojalá todos aprobemos con creces el examen final en el amor.

 

*Report Broken Links