¿Cómo se Siente Hoy?
¿Cómo estás? Es una pregunta que ya en forma rutinaria hacemos cotidianamente y a la que prestamos muy poca atención a su respuesta.
En una ocasión, saludando a la gente que encontraba a mi paso, inquiriendo en esa forma casi obligada, al hacer la misma pregunta a una persona en especial, grande fue mi sorpresa que esta me respondió: ¿tienes tiempo para saberlo?
A mi vez le respondí, “en este momento no, pero nos vemos después”. Fue la primera vez que me di cuenta que tan fríos somos para hacer esta pregunta que se ha hecho más por costumbre que por interés en la persona.
Me puse a pensar: esa persona probablemente necesitaba urgentemente ser escuchada; necesitaba un consuelo, unas palabras de aliento. Si tan sólo le hubiera dicho “dime que te pasa, te escucho, sentémonos a charlar”, eso hubiera hecho la diferencia. Qué sabía yo si esta persona se sentía ansioso, cansado de la vida, sin ganas de vivir, si estaba pasando por una crisis, disgustado, lastimado, exasperado, furioso, pasando por un dolor o sufrimiento; si se sentía solo, triste, miserable, aturdido, decepcionado… qué se yo. Lo que sí se es que si me hubiera dado tiempo para escuchar y tal vez darle un abrazo o dirigirle una simple sonrisa, aquella persona se hubiera ido tal vez con esperanza al sentir el apoyo de un amigo cuando más lo necesitaba.
Cuándo hacemos la pregunta de rutina ¿cómo estás? pensemos por un momento ¿cuál es la calidad de tiempo que estoy dispuesto a dar si en lo que me responden hay necesidad de acompañar a quien nos da una respuesta ansiosa?
Dios quiera que nuestro corazón sea más sensible para darnos a los demás en la medida que sea necesario.
Buenos días y usted... ¿cómo está; cómo se siente hoy?

