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Issue: May 2008 — Mayo 2008

La Esperanza

Fr.KoseContinuamos nuestra reflexión este mes sobre las virtudes. El mes pasado reflexionábamos sobre la fé señalando que la fé es una disposición firme para hacer el bien. Con ello no solamente realizamos buenas obras, sino damos lo mejor de nosotros mismos. Usamos todas las fuerzas espirituales para poner en práctica buenas obras. Este mes consideramos la virtud teóloga de la Esperanza.
¿Cómo podemos definir la esperanza? La Iglesia dice que es la virtud que nos ayuda a desear al Reino de los cielos y la vida eterna como un punto clave en nuestra vida. Ponemos todos nuestros esfuerzos en el poder de Cristo en vez de nosotros mismos. Nos damos cuenta que el Espíritu de Dios es la fuerza espiritual que nos guía en la vida.
La virtud de la esperanza corresponde a nuestro deseo de ser feliz. Un deseo que Dios puso en el corazón de todas las personas. Es la virtud que nos inspira a hacer el bien y cumplir actividades que pueden intensificar el Reino de Dios en nuestro mundo hoy día. Por la esperanza no estamos desanimados cuando nuestros planes no tienen éxito. Nos damos cuenta que no somos abandonados y que Dios siempre está de nuestro lado; siempre está con nosotros en todo lo que hacemos en su nombre. Con la esperanza no somos personas egoístas sino generosas. Vivimos con la felicidad de ser hijo/a de Dios.
La virtud de la esperanza es nutrida por la oración, especialmente por las palabras de Jesús mismo que encontramos en el Padre Nuestro, oración que es un resumen de todos nuestros deseos. Tenemos, entonces, la capacidad de esperar con fe las promesas que Dios nos ha dado en el bautismo. Obedecemos las leyes de Dios por amor y no por miedo a ser castigados.
Nos preguntamos, ¿por qué necesitamos las virtudes en nuestra vida? La razón más básica es que como seres humanos optamos por opciones y decisiones que lamentamos después. Como personas humanas no sabemos a veces lo que es bueno para nosotros. Las virtudes nos ayuden a enfocar y dirigir nuestra vida hacia lo que es mejor en la vida.
La naturaleza humana herida por el pecado necesita la asistencia de las virtudes. Son cuatro heridas que vienen del pecado que encontramos en la persona humana. Son la ignorancia, la malicia, la debilidad y la concupiscencia. Las virtudes son necesarias para superar los vicios; son lo opuesto al mal.

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