Compartiendo el pan
Siempre estoy listo para hacer un viaje a Méjico o Puerto Rico. Es un tiempo de compartir la amistad, la buena comida, y reflexionar sobre los aspectos culturales de aquellos países. En la historia de los discípulos en el Camino de Emaús ellos están reflexionando sobre lo que pasó con la muerte de so buen amigo Jesús y estaban muy tristes. El desastre del Viernes Santo no se había arrancado de sus mentes, sin embargo, ellos tenían esperanza para el futuro.
Mientras estaban en el camino los discípulos hablaban de Jesús y se juntó con ellos un peregrino, siguieron hablando de la persona de Jesús. Era la noticia del día que habían matado un hombre bueno. Repasaron las escrituras y el peregrino habló, discutió, y explicó mucho. Pero los discípulos no reconocieron el peregrino. Su palabra les llegaba a la inteligencia, pero no al corazón. Cuando dejó de hablar, hizo un gesto: compartió el pan. Entonces, se les abrieron los ojos y descubrieron que era Jesús. En ese pan los discípulos hallaron una respuesta a su esperanza.
En nuestro tiempo la situación es igual. Somos también un pueblo de esperanza. Nos llamamos cristianos y tratamos de ser personas sinceras, personas de palabra. La gente de hoy, los cristianos o no cristianos, buscan tal vez por caminos equivocados, un Salvador. Cuando el dinero y las posesiones nos dejan vacíos, cuando la miseria, las divisiones y la injusticia humana nos oprimen, cuando los pequeños salvadores políticos o revolucionarios nos fallan, volvemos con ansia los ojos hacia el Salvador verdadero y tratamos de descubrir a Jesús en las actividades de cada día.
Hoy día la palabra ha perdido gran parte de su valor. Las palabras son muchas pero las obras son pocas. Necesitamos la fuerza que viene del pan que Cristo nos da. Jesús quiere sostener nuestra vida como él sostuvo la ida de sus discípulos en el Camino de Emaús.

