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El dolor de la perdida

Todos nos hemos enfrentado en algún momento de nuestra vida a la pérdida de un ser querido. La reacción psicológica ante una perdida es llamada duelo.
El Manual Diagnostico de Trastornos Mentales define el duelo como”la reacción ante la muerte de una persona querida”.  En la perdida de un ser querido, la persona religiosa puede sentir que Dios –o la vida- le arrebata algo muy preciado, y que, muchas veces, lo hace sin preguntarle, de forma violenta y agresiva.
La muerte podría experimentarse como una especie de “aguafiestas” de la vida. La fe en la vida eterna sirve como un colchón que amortigua el dolor de la perdida, y ayuda a mantener un equilibrio psíquico después de un cierto tiempo. Aunque un cristiano podría vivir mucho tiempo resentido contra Dios, por haberle este “arrebatado” a su ser más querido.
El fenómeno del duelo es complejo. Hay un gran abanico de factores predictores de riesgo que lo podrían complicar. El objetivo de una intervención terapéutica no es “olvidar” al ser querido, sino “encontrarle” un lugar en el espacio psicológico, que permita la entrada del presente y los retos de la vida.
Barreto Martin y Soler Saiz señalan que “el duelo es un proceso normal, con una limitación en el tiempo, y con una evolución previsiblemente favorable. No se trata pues de una alteración patológica sino que, por el contrario, su elaboración puede significar un mayor grado de madurez”.
Para los cristianos que creen en la “vida eterna”, la pérdida de un ser querido puede convertirse en una profunda experiencia religiosa de auto-trascendencia.
El conocido cantautor Facundo Cabral dijo bellamente: “Tú crees que perdiste algo, lo que es imposible porque todo te fue dado. No hiciste ni un solo pelo de tu cabeza. Por lo tanto, no puedes ser dueño de nada.
Además, la vida no te quita cosas, la vida te libera de cosas. Te aliviana para que vueles más alto, para que alcancen la plenitud.  De la cuna a la tumba hay una escuela. Por eso, lo que llamas problemas son lecciones.
No perdiste a nadie, el que murió simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además, lo mejor de el -el amor- sigue en tu corazón. ¿Quién podría decir que Jesús está muerto?  No hay muerte, hay mudanza.  Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Miguel Ángel, San Agustín, la madre Teresa,  tu abuela, y mi madre…”
Una oración católica dice: “Para los que creen en ti Señor, la vida no termina, solo se transforma, y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una nueva mansión en el cielo”. Se sabe que el luto ha concluido cuando el dolor intenso da paso al recuerdo afectuoso y tranquilo del pasado.
Es entonces cuando nuestra supuesta “perdida” puede verse como una bendición, porque entendemos que nuestro ser querido esta en las manos de su creador, en la experiencia más fascinante del amor: la vida eterna.

El Padre Viliulfo Valderrama es Pastor en la Parroquia Nuestra Señora de Fatima en Tucson.