Anhelos y Encrucijadas
Jorge Bucay, el gran gestalista argentino, enseña “La Regla del Oso Idiota”. Ésta, mas o menos va así: sí alguna vez anhelas obtener algo con toda tu alma, y ello te causa mucha ansiedad, somételo a la regla del “OSO”. Son tres letras. La “O” significa que debes luchar por Obtenerlo. Tienes que buscar esa cosa deseada hasta obtenerla. Pero si acaso lo has intentado, lo cual ha representado un desgaste considerable de tu energía emocional sin resultados, y has llegado a la conclusión de que es imposible obtenerlo, entonces pasa a la siguiente letra.
La S sugiere que si no puedes obtenerlo, ¡sustitúyelo! Cambia lo que querías por otra cosa. Y si lo intentas sin resultados, por mucho tiempo, y crees que lo que quieres no se puede sustituir, entonces pasa a la tercera letra: la O, otra vez, pero en este caso ésta O significa: Olvídalo. ¿No puedes obtener lo que deseas? Que pena ¿No lo puedes sustituir? Que difícil. Entonces, ¡olvídalo! Pero vamos a suponer que tampoco puedes olvidarlo. Es decir, no puedes obtenerlo, no puedes sustituirlo y no puedes olvidarlo. ¿Que sigue? Bucay tiene una conclusión: Haz caído en la situación del oso idiota, atrapado en tu propia telaraña irracional.
Psicológicamente, estamos en los mecanismos mas burdos e idiotas de nuestras neurosis existenciales. ¿Por qué? Porque este tipo de conducta del “oso idiota” nos aleja más y más de la posibilidad de darle un sentido a nuestra vida. Porque entonces nuestra filosofía sería: sólo voy a ser feliz si puedo lograr lo imposible; sólo puedo ser feliz si logro sustituir lo insustituible; sólo puedo ser feliz si olvido lo inolvidable. He aquí un callejón sin salida. La escuela de la vida nos ofrece las lecciones mas maravillosas sobre el ser, el tener y el hacer. Tener expectativas muy altas e irracionales es la receta para caer en la neorusis y la frustración.
No es muy saludable buscar lo imposible (ejemplo: anhelar hacerse millonario de la noche a la mañana, querer tener al cónyuge o el trabajo perfecto, desear vivir sin conflicto, etcétera.) En el contexto del luto, por ejemplo, no se puede sustituir a ningún ser humano por otro, o con algo material. Y no se puede olvidar lo inolvidable. Los traumas de la infancia, por ejemplo, son quizá marcas imborrables pero que irónicamente engrandecen la existencia. Bucay establece que “Si uno vive tratando de controlar el futuro propio y el ajeno, manipulando la conducta de los demás y especulando con la propia, para producir un determinado resultado, sólo se conseguirá aumentar las expectativas y condicionar su vida”. Y concluye que “el verdadero antídoto del anhelo es la aceptación y no la posesión, el deseo pero no la expectativa, la conciencia pero no el control”.
Somos infelices porque deseamos poseer mas cosas y personas; vivimos insatisfechos porque tenemos expectativas absurdas y las confundimos con anhelos nobles y justos; estamos frustrados y enojados porque no podemos controlar a los otros. Lo que más plenifica a los seres humanos es esto: aceptar la vida tal como es, en lo que no se puede cambiar; desear sólo lo racional y justo; y ser conscientes del momento presente –sin luchar por controlarlo–. Aceptar no significa bajar la cabeza o resignarse; no forjarse expectativas ilógicas no significa no tener metas; y no querer el control no significa no querer ser protagonistas. Sin duda, la vida –que debería ser un arte– presenta grandes retos, desafíos y encrucijadas para todos.
La sabiduría popular nos dice que “si estamos en un callejón sin salida, es mejor salir por donde entramos”. Cultivemos siempre la aceptación, el noble deseo y la consciencia del ahora. Muchas veces, sólo la sabiduría que dan los años ayuda a los seres humanos o cambiar sus actitudes. Así, antes de llegar a la madurez, generalmente se repiten los mismos errores. El poeta argentino Jorge Luis Borges ofrece su sabiduría titulada “Sólo con el tiempo”. He aquí algunos extractos de su poema: “Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma. Uno aprende que amor no significa sexo. Una compañía no significa seguridad. Uno empieza a aprender. Uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos. Uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy. Porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes. Después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado. Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
“Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste durante toda la vida. Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible. Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado. Con el tiempo comprenderás que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen, ocasionará que al final no sean como esperabas. Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo… ante una tumba ¡ya no tiene ningún sentido! Pero, desafortunadamente, lo aprenderás … ¡Sólo con el tiempo!”.

