La vida y su propósito
“Los consejos de los viejitos son evangelios chiquitos”, reza el refrán popular. Algunos estarán de acuerdo y otros no. Lo cierto es que en la carrera pertinaz de la vida todos los hombres buscamos el secreto de la felicidad, y tenemos que recurrir a muchas fuentes de sabiduría.
Si bien hay sociedades que marginan al que “no produce” (un anciano), hay otras exaltan la sabiduría de los que han obtenido “doctorados” en la escuela de la vida. Un ejemplo de esto lo tenemos en el compositor Juan Ponce quien escribió alguna vez: “Hoy comí con el abuelo, y después de la comida, le pregunté tantas cosas, tantas cosas de la vida. Se sentó en su mecedora, y fumando en su pipa, me miró muy dulcemente y me dijo: la vida es una gran tipa.
Tu le pides a la vida, pero dime que le ofreces. Y esto no lo olvides nunca, mi nieto, pídele lo que mereces. La vida es como una esfera, que va por siempre rodando, nos da penas y alegrías, mi nieto, pero no nos dice cuando.
No hables de lo que no sepas, y al hablar se muy sincero, y no te pases la vida en milongas, ni malgastes el dinero. Ahora voy a decirte, unas verdades humanas, es el tiempo quien me enseña mi nieto, y escribe sobre mis canas”.
La letra es sin duda magistral y llena de sabiduría. Pero ¿Quién podría olvidar los famosos “instantes” del poeta argentino Jorge L. Borges? quien en el ocaso de su vida dice así: “Si pudiera vivir nuevamente la vida…en la próxima cometería menos errores; correría mas riesgos; haría mas viajes; contemplaría mas atardeceres; subiría mas montañas; nadaría mas ríos; iría a mas lugares a donde nunca he ido.
Comería mas helados y menos habas; tendría mas problemas reales y menos imaginarios. Yo fui de esas personas que vivió sensata y productivamente cada minuto de su vida. Claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás, trataría de tener solamente buenos momentos.
No te pierdas el ahora! Yo era de esos que nunca iba a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas. Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de primavera y seguiría así hasta concluír el otoño…Daría mas vueltas en carruseles, contemplaría mas atardeceres, y jugaría con mas niños.
Si tuviera otra vez la vida por delante…Pero ya ven, tengo 85 años y se que me estoy muriendo…”. Rick Warren, en su libro “Una vida con propósito”, nos recuerda que esta vida es solo un ensayo de la verdadera actuación, porque estaremos más “tiempo” al otro lado de la muerte, en la eternidad.
La tierra es la “escuela primaria”, el ensayo de la eternidad, el preámbulo del infinito. Ejercitamos, entrenamos, trotamos, antes de que la carrera empiece. Por lo tanto, lo más que podemos hacer es tratar de ver la vida con copiosas dosis de optimismo. No ver una calamidad en cada oportunidad, como los pesimistas, sino una oportunidad en cada calamidad, como los optimistas.
No hay recetas de cocina, insistimos, pero el mundo esta rodeado de magistrales pensadores motivacionales que invitan a la reflexión: Juan Antonio Razo cuenta que una persona que se preparaba para nacer le preguntó a Dios: “Antes de ir a la tierra, ¿que recomendación me das? Y Dios le contestó: Se como el sol, levántate temprano y no te acuestes tarde.
Se como la luna, brilla en la obscuridad pero sométete a la luz mayor. Se como los pájaros, come, canta, bebe y vuela. Se como las flores, enamórate del sol pero se fiel a tus raíces. Se como el perro, obediente a su señor. Se como la fruta, bella por fuera y saludable por dentro.
Se como el día, que llega sin alardes y se retira igual. Se como los recién nacidos, que no le tienen miedo a la muerte. Se como un oasis, que da agua al sediento. Se como un río, que siempre sigue adelante, Se como la luciérnaga, que aunque pequeña emite su luz propia.
Se como los niños, juega, ríe y no te preocupes tanto de la vejez. Se como el agua, que es transparente. Se como los toros de lidia, que mueren hasta el final. Se como José, cree en tus sueños.
Se como Lázaro, levántate y anda. Pero sobre todo se como el cielo, la morada de Dios. Cada momento nos da la oportunidad de celebrar la exquisita dimensión del oficio de vivir.
El promedio actual de longevidad es 25,550 días. Ese es el tiempo que vamos a vivir, si bien nos va. Por eso, es bueno recordar cuan breve es nuestro paso, y que la vida se acaba, y que nuestros días estan contados. A la vida uno le puede pedir muchas cosas.
Pero mas bien hay que ofrecerle. Un hombre sin propósito no le ofrece nada a la civilización, y es como un barco sin timón.
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Padre Viliulfo Valderrama es pastor en la Parroquia de Nuestra Señora de Fatima en Tucson

