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Benedicto XVI: “Todos debemos dar
los pasos necesarios hacia la unidad”
ROMA.- (ZENIT.org) Durante la homilía pronunciada durante las vísperas con las que concluyeron la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en la Basílica de San Pablo Extramuros, el Papa Benedicto XVI llamó a “todos a dar los pasos necesarios hacia la unidad de los cristianos”.
“El compromiso por la unidad de los cristianos no es sólo tarea de algunos, ni actividad accesoria en la vida de la Iglesia. Cada uno de nosotros está llamado a procurar su aportación para dar los pasos que lleven hacia la comunión plena entre todos los discípulos de Cristo, sin olvidar nunca que ésta es ante todo don de Dios que hay que invocar constantemente.
“De hecho, la fuerza que promueve la unidad y la misión surge del encuentro fecundo y apasionante con el Resucitado, como sucedió con San Pablo en el camino de Damasco, y con los Once y los demás discípulos reunidos en Jerusalén. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, haga que cuanto antes se pueda realizar este deseo de su Hijo: “Que todos sean uno... para que el mundo crea”.
Recordó que “no han pasado muchos meses desde que se concluyó el Año dedicado a San Pablo, que nos ofreció la posibilidad de profundizar en su extraordinaria obra de predicador del Evangelio. Pablo, a pesar de conservar viva e intensa memoria de su propio pasado como perseguidor de los cristianos, no duda en llamarse Apóstol. En fundamento de este título, hay para él un encuentro con el Resucitado en el camino de Damasco, que se convierte también en el comienzo de una incansable actividad misionera, en la que consumirá todas sus energías para anunciar a todas las gentes a ese Cristo que había encontrado personalmente.
“Así Pablo, de perseguidor de la Iglesia, se convertirá él mismo en víctima de la persecución por causa del Evangelio del que daba testimonio. Escribe en la Segunda carta a los Corintios: “Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno; tres veces fui azotado con varas, una vez apedreado... Viajes frecuentes; peligros de ríos; peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligros de los gentiles; peligros en ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar; peligros entre falsos hermanos; trabajo y fatiga; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez. Y aparte de otras cosas, mi responsabilidad diaria: la preocupación por todas las Iglesias” (2 Cor 11,24-25.26-28). El testimonio de Pablo alcanzará el culmen en su martirio cuando, precísamente no lejos de aquí, dará prueba de su fe en el Cristo que vence a la muerte”.
El Papa recordó que “la elección del tema de la Semana de oración por la unidad de los cristianos de este año, es decir, la invitación a un testimonio común del Cristo resucitado según el mandato que Él confió a los discípulos, está unida al recuerdo del centenario de la Conferencia misionera de Edimburgo, en Escocia, que es considerada por muchos como un acontecimiento determinante para el nacimiento del movimiento ecuménico moderno
A un siglo de distancia, desde el acontecimiento de Edimburgo, la intuición de aquellos valientes precursores es aún actualísima. En un mundo marcado por la indiferencia religiosa, e incluso por una creciente aversión hacia la fe cristiana, es necesaria una nueva, intensa, actividad de evangelización, no sólo entre los pueblos que nunca han conocido el Evangelio, sino también en aquellos en los que el Cristianismo se difundió y forma parte de su historia. No faltan, por desgracia, cuestiones que nos separan a unos de otros, y que esperamos que puedan ser superadas a través de la oración y el diálogo, pero hay un contenido central del mensaje de Cristo que podemos anunciar todos juntos: la paternidad de Dios, la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte con su cruz y su resurrección, la confianza en la acción transformadora del Espíritu. Mientras estamos en camino hacia la comunión plena, estamos llamados a ofrecer un testimonio común frente a los desafíos cada vez más complejos de nuestro tiempo, como la secularización y la indiferencia, el relativismo y el hedonismo, los delicados temas éticos respecto al principio y al final de la vida, los límites de la ciencia y de la tecnología, el diálogo con las demás tradiciones religiosas. Hay además ulteriores campos en los que debemos desde ahora dar un testimonio común: la salvaguarda de la Creación, la promoción del bien común y de la paz, la defensa de la centralidad de la persona humana, el compromiso por vencer las miserias de nuestro tiempo, como el hambre, la indigencia, el analfabetismo, la desigual distribución de los bienes.
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