El Cuerpo es para Servir al Señor 
¿Se ha puesto a pensar usted qué hace con su cuerpo? ¿En qué lo emplea? ¿A dónde lo ha llevado?
Nuestro cuerpo es toda una bendición que Dios nos regaló para que todo nuestro ser bendiga su creación y cumpla con sus funciones. Vale la pena evaluarnos y ver si realmente nuestro cuerpo ha sido una bendición o lo hemos deformado, si lo hemos contaminado a consecuencia del pecado.
¿Qué hace con sus manos, qué tocan? ¿Qué hace con sus ojos, qué ven? ¿A dónde lo conducen sus pies? ¿Qué hace con sus labios? ¿Qué hace con todo su ser?
Probablemente nuestro cuerpo nos ha llevado al pecado más de alguna vez; tal vez nuestras manos nos han llevado a la impureza ó tal vez hemos visto cosas que ofenden a Dios; puede ser que nuestros pies nos hayan llevado a lugares donde se corrompe el alma y vemos de todo; quizá nuestros labios los usamos para maldecir o mentir, etc.
¿Se ha puesto a pensar que nuestro cuerpo es un regalo de Dios y que tal vez lo hemos deteriorado o deformado por el pecado? ¿Se ha puesto a pensar que muchos no tienen manos, son invidentes, no tienen brazos o pies, que tal vez tengan alguna enfermedad en sus labios o su boca?
Ellos, los que tal vez carecen de estas partes del cuerpo, en incontables ocasiones bendicen a Nuestro Padre Dios con todo lo que son, con toda su alma. Nosotros que poseemos todo, tal vez nos hemos alejado de Dios por el mal uso de estas bendiciones.
Si usted responde que sí a las siguientes bendiciones, estaremos dando gloria a Dios a través de todo lo que Él nos da y muy cerca del Eterno, del que nos ama sin condición a pesar de que le fallemos
--¿Sus manos acarician, curan, construyen, enjugan lágrimas, se tienden en señal de amistad o de perdón, sostienen y ayudan a levantarse?
--¿Sus ojos se mantienen abiertos junto a la cama del enfermo, saben descubrir en cada ser humano a un hermano; sus ojos evitan ofender con miradas que hieren y desprecian, saben llorar por los sufrimientos del prójimo, saben mirar con amor?
--¿Sus pies los conducen al camino de la casa del pobre, de la ancianita abandonada, o del que no tiene trabajo; sus pies dan el primer paso para una reconciliación; sus pies evitan pisotear los derechos de los demás?
--¿Sus labios sonríen, evitan dar paso a las injurias y los chismes; sus labios se niegan a mentir; sus labios encuentran palabras que den aliento, se abren sin miedo en defensa de los inocentes y los oprimidos, saben ponerle alas al alma con un beso?
Dichosos los que bendicen al Señor con sus manos, sus ojos, sus pies, y sus labios.
Entonces estaremos haciendo buen uso de las bendiciones de Dios.
Si hemos respondido que no en alguna de ellas, nunca es tarde.
Hoy mismo pedimos perdón al Creador, ponemos ante el Todopoderoso nuestras manos, ojos, pies y labios. Que la infinita misericordia del Padre que es amor, nos hagan hacer buen uso de todo lo que nos ha regalado, nos transforme y purifique nuestra alma. Amén.
Buenos días.


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¿Y si hoy fuera tu último día? 
“Mi mejor amigo me dió el mejor consejo. Me dijo que cada día es un regalo y no un derecho dado... Si hoy fuera tu último día, y mañana fuera demasiado tarde, ¿podrías decir adiós al pasado? ¿Acaso no vivirías cada momento como si fuera el último, dejando las viejas fotos en el pasado, donando cada moneda que tienes? Si hoy fuera tu último día, ¿llamarías a los viejos amigos que nunca ves? ¿Perdonarías a tus enemigos? Porque no puedes reembobinar un momento en esta vida, no dejes nada en tu camino, porque las manos del tiempo no las puedes controlar.”
Estas palabras introductorias son una traducción a la letra de una hermosa canción. La letra --la música también, por cierto--, merece mucho la pena. A uno le viene a la mente las palabras que el mismo Jesucristo dirigió a unos hombres que disputaban acerca de una herencia. Entonces Cristo hizo la siguiente declaración: “La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Luego les refirió una parábola cuyo protagonista era un hombre que había hecho fortuna y había decidido vivir del “cuento”. El protagonista recibió la siguiente amonestación: “¡Tonto! Esta misma noche te reclaman tu alma, ¿quién se quedará con lo que amontonaste?” (versículo 20).
¿Para qué vivimos? Para amontonar dinero, para asegurar futuro brillante a nuestros hijos --en el caso de que los tengamos--, o para vivir despilfarrando y gastando en cosas que no necesitamos. En estos tiempos de crisis pocos son los que se pueden dar el “gusto” de despilfarrar. Y lo que para muchos sigue siendo un “privilegio” --lo de despilfarrar--, para Dios no es una buena opción de acuerdo a sus enseñanzas.
Aspiramos a vivir bien, a no pasar necesidades, lo cual es lícito y, por tanto, está bien desearlo porque Dios también lo desea. Pero no debe ser lo único que nos quite el sueño.
Si hoy fuera el último día de tu vida, ¿cuántas cosas cambiarías? Si tu vida tuviera un límite, pongamos un día más, una semana, ¿cuántas cosas harías y cuantas dejarías de hacer? Todo depende de cuáles sean tus valores. Si tu vida está al margen de la vida de Dios, quizás procurarías obtener algún beneficio personal como, por ejemplo, viajes, comidas suculentas, ocio, entretenimiento, etc. Pero si en tu vida pudieras dar cabida a la vida de Dios, la experiencia que buscarías sería diferente. Sería la de buscar a Dios, poner tu vida en paz y poner paz a tu alrededor.
Se llamaba ¿___? diagnosticada de cáncer. Su principal anhelo era encontrar a Dios, recuperar el tiempo perdido y volver a empezar. No había recibido ninguno de los sacramentos, se preparó intensamente para recibirlos, allí conoció a Su Salvador. Se reconcilió con Dios, con los demás y con ella misma. Ahora, en su rostro se percibe vida y mucha paz, ha recibido todos sus sacramentos, pronto contraerá nupcias y vive intensamente cada día como si fuese el último de sus días y confiada en la vida que Cristo le devolverá cuando Él regrese en gloria y majestad. ¿Cuántas cosas cambió ¿____? Su carácter afable, su actitud positiva, sus ganas de vivir y ayudar dentro de sus posibilidades, retomar su vida, amar incondicionalmente, devolverle tiempo de calidad a Dios. Además, implementar vida espiritual, involucrarse en la vida de la iglesia, etc. ¿Resultado? Sanación y un verdadero sentido a la vida, ganas de vivir con y para Dios.
Recordemos, nunca sabemos el momento. Nunca sabemos que es lo que puede suceder mañana. Por eso vale la pena empezar a cambiar ya aquello que deba ser cambiado.
Recuerda que al igual que el tiempo, la salvación tampoco está en tus manos sino en las manos de Cristo. La buena noticia es que Cristo está esperando con los brazos abiertos a que acudamos a Él.
¿Y si hoy fuera mi último día…? Además de hacer todo o casi todo lo que dice la canción, yo me he puesto en las manos de nuestro Salvador.
¿Y si hoy fuera tu último día, qué harías?

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Compartiendo un Pensamiento 
Dios me concedió conocer, de manera más profunda, a
un buen amigo con quien tuve la oportunidad de compartir
un diálogo, de corazón a corazón, en una de las visitas más
especiales que haya experimentado cara a cara a un preso,
con quien aún tengo contacto de manera espiritual y a través
de correspondencia.
En una de sus cartas me comparte una oración que él
escribió. Se trata de la Oración del Preso, para lo cual le pedí
permiso para publicar e, inclusive, me autorizó poner su
nombre: David V. Felix.
Amigo y hermano David, desde aquí van nuestras
plegarias y te agradezco infi nitamente el que me hayas autorizado
compartir tu oración. Tengo la certeza de que ayudará
y levantará el ánimo a más de una familia o un amigo en la
cárcel. Estoy contigo y te agradezco el que me hayas hecho
parte de tu vida y, por si fuera poco, tu amigo de confi anza.
No olvidaré ese contacto cara a cara, de corazón a corazón,
mano a mano, separados tan sólo por un vidrio pero que, a
través, podía inclusive percibirse el latido de nuestros corazones.
He aquí la
Oración del Preso
Señor: Te pido perdón por haberte fallado. Soy tu hijo, soy
pecador y estoy arrepentido por todos mis errores del pasado.
Señor: Estoy preso y mi vida ha cambiado, mi vida está en
pausa para recordar todo lo malo que a mí a pasado. Con tu
ayuda Señor todo lo habré recuperado,
Señor: Dame paciencia para aceptar las cosas y así poder
entender la diferencia. La vida es única, la vida es para
valorarla, la vida es para hacer oración, la vida es para valorar
que Dios Nuestro Señor es el Creador de todo el universo, la
vida eres mi Señor.
Señor: Mi vida la pongo en tus manos.
Señor: Mi caso la pongo en tus manos.
Señor: Mi libertad la pongo en tus manos.
Señor: Bendice a todas las autoridades que nos protegen
todos los días. Bendice a todos los licenciados que nos representan
legalmente y dales el don de la sabiduría para resolver
hasta los casos más difíciles con la justicia.
Señor: Bendice a los fi scales que imparten la
justicia en los tribunales.
Señor: Bendice a todos los que tienen sed de
Ti. Bendice a todos y cada uno de los PRESOS
porque sólo Tú Señor eres el juez, fi scal de fi scales,
licenciado de licenciados, abogado de abogados; y
porque Tú nunca pierdes un caso porque tu misericordia
para tus hijos los pecadores es infi nita.
Señor: Bendice a todas nuestras familias que
sufren allá afuera día con día, que no sufran
necesidad ni enfermedad alguna, dales ese ánimo
para que salgan adelante sin olvidar tu nombre
Señor.
Señor: Se que he pecado, mi caso no está cerrado,
espero lo peor para que lo poco se me haga
nada. Te pido humildemente que siempre estés a
mi lado, juntos lo habremos superado. Mi cuerpo
y mi alma a Tí yo te he entregado.
Señor: Te doy gracias por la luz de un nuevo
día.Señor: Te doy gracias por los sagrados alimentos.
Señor: Te doy gracias por protegerme de cual-quier enfermedad o accidente.
Señor: Te doy gracias por mis compañeros,
bendícelos a cada uno de ellos y sus
familias.
Señor: Te doy gracias por la vida.
Señor: Te doy gracias por darme un cerebro
para pensar en Tí.
Señor: Te doy gracias por darme unos ojos
para ver tus obras.
Señor: te doy gracias por darme una boca
para predicar la palabra en tu nombre.
Señor: Te doy gracias por darme un corazón
que palpita al escuchar tu nombre.
Señor: Te doy gracias por darme un alma
que te aclama día a día.
Señor: Te doy gracias por darme un espíritu
que es la luz de mi sendero.
Señor: Te doy gracias por darme unas
manos para alabarte.
Señor: Te doy gracias por darme unos pies
para seguir tus huellas.
Señor: Te doy gracias por darme paz interior.
Señor: Te doy gracias por darme la vida.
Señor: Te doy gracias por estar en un país
(USA) que se ejercen los derechos de los
presos.
Señor: Te doy gracias por la escuela de la
vida.
Señor: Te doy gracias por ser mi juez. A
mén.
C amino
A la
R esurrección
C on
EL Señor
Estimado David, se que tu fortaleza y
cercanía con el Todopoderoso es más sólida
que nunca, aunque algunos opinen que es
el perfil del preso. Es simplemente el poder,
la gracia y la misericordia del Trascendente
que transforma nuestras vidas a través de
estas experiencias. Ahora el Señor tocó a
tus puertas y le has respondido. Tú mismo
lo has expresado: cárcel por sus primeras
letras, camino a la resurrección con el Señor.
Que esta esperanza que tienes y has dado a
tu misma familia, llegue a todos los privados
de la libertad y se convierta en testimonio de
conversión para el mundo entero.
Un abrazo y mi bendición a todos ustedes
hermanos.
Autor: David V. Felix. Transcribe con autorización
del autor: Padre Raúl Valencia.

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Sal de Tí 
En mi caminar como profesionista y como sacerdote, en nuestra vida nos topamos con personas que nos ayudan a reflexionar. Algunos centrados, otros distraídos. Algunos saben quienes son y a dónde van, otros están por descubrirlo. Algunos estamos aprendiendo a vivir, otros estamos descubriendo nuestra misión en esta Tierra. Cualquiera que sea nuestro caso, valdría la pena que nos asomemos dentro de nosotros y, ¿por qué no?, salir de nuestra persona.
Me explico, Si eres lo que eres: sirve, ama, dá, pero no digas que eres más que los demás. Si eres sabio, calla. Que el mundo descubra en ti la Sabiduría.
En la sonrisa que das al anciano, en ese saludo que das al amigo, en esa caricia que haces a tu hijo, en esa palmada de ánimo que le das a quien no encuentra esperanza, ¡ENTRÉGATE!
El mundo está cansado de oír: “Yo soy”, “Yo hago”, “Yo sirvo”…
Pregúntate desde ahora: ¿Quién soy?, ¿qué hago?, ¿en qué sirvo?, ¿adónde voy? Y sé tan sabio para enseñar a los demás, aún en tu acción más pequeña, que dándote todo parezca que no das nada.
En otras palabras, la invitación es a la humildad y a la sencillez. Dios que ve todo, --hasta el más sencillo acto de caridad--, sabrá recompensarte.
Por la construcción del Reino de Dios. Buenos días.

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Año del Sacerdote 
Su Santidad el Papa Benedicto XVI, proclamó en Junio 19 del presente, el AÑO DEL SACERDOTE. En hora buena. Sobre todo porque hoy, incisivamente el sacerdote de la Iglesia Católica ha sido y es blanco de crítica por su investidura y figura pública, dentro de nuestra misma Iglesia y no se diga otras comunidades religiosas, ideologías y medios de comunicación.
Me permito reconocer el trabajo, dones y talentos que incansablemente ofrecemos al servicio del pueblo de Dios. Vale la pena reflexionar qué hemos hecho con los sacerdotes: ¿los amamos, los defendemos, los aceptamos con su humanidad, apreciamos lo que hacen y lo que dejan a cambio de servir?, o los etiquetamos y los destruimos…
Hay parroquias que tienen diez mil feligreses o más y UN SOLO CURA. Es curioso; todos opinan sobre ese CURA y más discutido que un acusado. Es blanco de todas las miradas, es blanco de todas las opiniones y juicios, es blanco de todos los caprichos e imaginaciones.
Si es gordo lo critican; si es flaco también.
Si es viejo, lo quieren joven.
Si es joven, lo quieren de más edad y experiencia.
Si es alegre y chistoso, lo quieren serio.
Si es feo, no les agrada.
Si es buen mozo, es una lástima.
Si es de color, lo quieren blanco.
Si es simpático, lo critican por eso.
Si es observante y exigente, lo llaman cascarrabias.
Si fuma, es vicioso.
Si no fuma, no es hombre.
Si canta mal, sobra tema para las bromas.
Si canta muy bien, es muy vanidoso.
Si es suave, lo quieren de más carácter.
Si es tranquilo, lo quieren de más nervio y templado.
Si es muy generoso, lo consideran muy manirroto.
Si es medido, lo tienen por avaro.
Si concientiza a los feligreses de las necesidades de la Iglesia, es muy bueno para sacar dinero.
Si sale a la calle, lo critican porque nunca está en la Iglesia.
Si no sale, lo critican por alejarse de las almas.
Si va con los pobres, se quejan los ricos.
Si va con los ricos, desprecia a los pobres.
Si trata más a los hombres, se quejan las mujeres.
Si trata con las mujeres, es objeto de maledicencia de los hombres.
Si prefiere o tiene carisma por los niños, hablan mal los mayores.
Si toca algún instrumento musical o baila, es liberal, disipado, etc. etc.
Y Usted… ¿Cómo lo quiere? No se puede servir a dos señores.
Es imposible ser del gusto de cada feligrés. El sacerdote es un HOMBRE como los demás y que, a pesar de la gracia y su consagración, tiene que luchar por su propia santificación a la que todos estamos llamados como bautizados.
Lo anterior, no pretende ser una queja sino una invitación a nuestros feligreses a la reflexión: ¿Qué estamos haciendo con los sacerdotes. Hay pocos, estamos prácticamente en extinción, por así decirlo, y los que tenemos no los cuidamos.
Invito a nuestro amado pueblo de Dios a una profunda oración por los sacerdotes, especialmente los que nos encontremos en crisis, en soledad, los que extrañamos nuestra familia de sangre, cuando después de la última misa, en un domingo, te quedas absolutamente solo, tal vez cansado o frustrado.
Valdría la pena ofrecer plegarias ante el Santísimo, rezar el rosario, ofrecer la Eucaristía por los sacerdotes y, por qué no, ofrecerles una sonrisa, una palmada o una llamada telefónica sólo para desearle un buen día, una invitadita a comer, qué se yo…
Pienso que esto nos sería de un gran apoyo para todos los sacerdotes que estamos comprometidos y casados con todos ustedes, nuestra amada Iglesia.
A través de estas líneas, aprovecho para expresar mi más profunda admiración y respeto para todos mis hermanos sacerdotes. Ánimo, un abrazo fraternal para todos ustedes y que Dios nos siga bendiciendo, nos dé sabiduría para conducir a su pueblo y fuerzas en los momentos difíciles. Todo por el Reino de Dios, así sea.

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