Ministerio a Jóvenes 
Directo del encabezado de una plana de periódico vienen tres lecciones en qué tan importate es tener pólizas y procedimientos en su lugar (y seguirlas/os) en el ministerio de jóvenes de una parroquia o iglesia.
Un ministro de jóvenes, de 59 años de edad, en una iglesia de Tucsón fue convicto recientemente con seis cargos de abuso sexual a una jovencita de 13 años de edad, miembro de un grupo de jóvenes.
Un ministro interno de jóvenes, de 25 años de edad, que había estado sirviendo por seis meses solamente en una iglesia de Tempe, fue arrestado recientemente después de admitir que había tenido sexo con una jovencita de 14 años de edad, en un grupo de jóvenes.
Dos muchachos de 13 años de edad fueron arrestados recientemente en Tucsón por haber usado sus teléfonos celulares para mandar una foto de una jovencita desnuda de 13 años de edad, que le había mandado a uno de los muchachos de su teléfono celular.
Estas tres historias, todas muy cercanas a nuestros hogares, ilustran qué tan vulnerable es la juventud a predatores, y tristemente, jóvenes mismos.
En la primera historia, un hombre mayor ofrece su tiempo como voluntario, pero toma ventaja de la confianza de la comunidad de la iglesia. El violó los límites prudentes llevando chamacos a sus casas en su carro. Estoy seguro que eso parecía suficientemente inofensivo para los encargados del grupo; pero el usó estas oportunidades para tantear sus víctimas, y eventualmente escoger a una joven, quien para él le pareció obvio, necesitaba la figura de un padre en su vida.
Este predator se movió muy despacio, pero con seguridad, molestando a esta jovencita por más de un año mientras que cumplía con sus deberes como ministro de jóvenes. Él dominó el psiquis de la joven por medio de profesar su cuidado para ella y amenazándola con que él se suicidaba si ella revelaba el abuso.
En la segunda historia, el ministro interno de jóvenes, todavía un estudiante, ofendió de manera muy diferente que el hombre mayor. Él convenció a la joven a que se saliera a hurtadillas de su casa para que así pudieran tener sexo en su carro. Poco antes de su arresto, otras dos jóvenes de una iglesia en otro estado, donde él también había trabajado, lo acusaron de abuso.
En la tercera historia, los dos muchachos, aun todavía menores, y la jovencita quien mandó el retrato de ella misma, quedó atrapada en lo que es una fuente acrecentada de peligro para nuestros niños y jóvenes – el uso de artefactos de comunicación electrónica para compartir imágenes e información inapropiadas.
En este caso, el crimen fue cometido solamente por menores. Pudo muy fácilmente haberse extendido a envolver adultos quienes sin duda pudieran haber usado imagen e información con propósitos peores.
Solo me puedo imaginar el sentimiento de traición, fracaso y desilución que aquellas personas responsables de supervisar a estos ministros y ofensores menores pudieron haber sentido.
El impacto de estos crímenes va más allá de las mismas iglesias. Tales incidents erocionan, además, la confianza que los padres en nuestras comunides tienen en personas de fe quienes están envueltos en el ministerio de jóvenes.
No sabemos qué pólizas y procedimientos para prevenir abuso estaban en vigor en las iglesias envueltas, o qué tan bién las seguían. Nosotros sabemos qué debemos hacer para prevenir que tales cosas sucedan y cómo responder si suceden.
Este año, estoy colaborando con Joe Perdreauville de nuestra Oficina diocesana de Servicios Pastorales y con John Shaheen de nuesta Oficina diocesana de Propiedad y Aseguranza para pulir nuestras pólizas, procedimientos y recursos para hacer los programas del ministerio de jóvenes tan seguros como sea possible, para nuestros jóvenes y aquellos que los sirven.
¡Qué importante y tan lleno de desafíos es proveer ministerio a nuestros jóvenes!
Algunas veces uso la analogía del sistema eléctrico para traer este punto a nuestros hogares.
No podemos, en realidad, vivir una vida normal sin electricidad, y ciertamente no podemos usar electricidad de manera segura sin las destrezas y dedicación de los ingenieros eléctricos y los electricistas.
El ministerio de jóvenes es esencial en nuestras parroquias, y con toda seguridad no podemos tener un ministerio de jóvenes seguro con ministros de jóvenes sin destrezas y dedicación – personas que conozcan técnicas de un buén ministerio de jóvenes, personas que conozcan los límites propios del ministerio y personas que que quieran la seguridad de nuestros jóvenes.
A pesar de todo lo que hagamos no se podrán eliminar completamente los riesgos del ministerio de jóvenes, pero implementando firmemente nuestro nuestro Programa del Ambiente Seguro nos permite seguir adelante con este trabajo tan crítico para que nuestros jóvenes estén seguros al aprender y experimentar la presencia de Dios en sus vidas.

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