Nosotros ponemos hincapié consistentemente y constantemente en el Programa del Ambiente Seguro en nuestra Diócesis de Tucson que todos los empleados y voluntarios de las parroquias, escuelas y otros ministerios existentes dentro de la Diócesis debieran considerar como mandato propio la obligación de reportar cuando tengan una sospecha razonable de que un niño o un adulto vulnerable está siendo abusado o maltratado. Nosotros también ponemos hincapié consistentemente y constantemente en las “banderas rojas” de posible abuso o maltrato. Estas “banderas rojas” son actualmente varios niveles de indicadores de dolor o angustia en un niño.
El primer nivel puede ser llamado “factores de riesgo”. Nosotros sabemos que algunos niños son vulnerables al abuso más que otras Esto no quiere decir que es su culpa, muy lejos de eso. Lo que significa es que debemos ser aún más vigilantes del bienestar de estos niños con esas características.
Niños que tienen historia previa de abuso es muy posible que corran el riesgo de ser abusados otra vez. Aquellos que no tienen buen apoyo en su familia o entre amigos y aquellos que sufren de alguna forma emocional, cognitiva o incapacidad física son más vulnerables a cierta forma de maltrato. Cuando estamos a sabiendas de estos niños, lo mejor que podemos hacer es el de estar alerta y apoyarlos. La presencia de apoyo puede hacer la gran diferencia en la vida de estos niños. “Adultos de confianza” alertas son como el Buen Pastor.
El segundo nivel de los indicadores consta de signos generales que nos llaman a ver más a fondo una situación. Es posible que estos signos generales puedan ser de naturaleza física, emocional, social o de comportamiento. Buen número de las funciones físicas en estos niños vienen a consecuencia de angustia. Cuando, por ejemplo, hay cambios repentinos en el dormir y en el apetito, es probable que algo ande mal. Si un niño empieza a orinarse en la cama o tiene problema en controlar su intestino cuando está en la edad en que un buen control es esperado y después de un período en el que un buen control fue demostrado, ahí se encuentra un problema que necesita ser resuelto. Más directamente, un niño que es en general miedoso o que tiene muy pobre relación con sus compañeros es un niño que necesita que se le dé ánimo en explorar y cambiar su percepción del mundo. El temor de estar a solas con una persona o el cambio marcado en su modo o disposición son indicadores más específicos que requieren el enfoque de nuestra atención para determinar lo que haya pasado.
Otros indicadores, como logros y otros cambios en el comportamiento, son también indicadores de “banderas rojas” de problemas potenciales. Una tendencia hacia comportamientos impulsivos riesgosos, o dificultad en poner atención, justifica nuestra inquietud. Comportamientos que causan daños específicos a sí mismo o un cambio notable en el aprovechamiento escolar levantan banderas rojas que exigen buscar y encontrar inmediatamente el problema.
Mientras que ninguno de estos indicadores pueda manifestar que un niño haya sido actualmente abusado, todos apuntan hacia un niño que puede estar en problemas.
El tercer nivel de indicadores, como quiera, apunta más directamente al abuso. Cuando se notan estos indicadores, una llamada a los aplicantes de la ley, es el mejor paso a seguir.
Indicadores de abuso sexual incluyen: dolor inexplicable o injuria en los órganos genitales; embarazo o enfermedades venéreas; conocimiento sexual inesperado a la edad del niño; preocupación sexual en palabra y acciones.
Indicadores de abuso físico incluyen: Injurias inexplicables; historia de injurias previas en casa; miedo de ir a casa; o moretones desvaneciendos.
Indicadores de negligencia incluyen: necesidad frecuente de comida o de dinero para comprar comida; falta de higiene o ropa; ausencia de cuidado médico o dental; o cualquier otra indicación que apunte a necesidades básicas no provistas o la falta de supervisión de un adulto.
Cuando todo está dicho y hecho, naturalmente, el nivel final de “bandera roja” y el indicador más seguro de abuso es el reporte de un niño que él o ella ha sido abusado-a. Aunque el reporte llegue a ser o no exacto, el reporte por un niño debe siempre tomarse seriamente y siempre debe conducir al hacer un reporte a las autoridades de polcía.
Nosotros hacemos hincapié en nuestro entrenamiento en el Programa del Ambiente Seguro que siempre que los indicadores dirijan a una sospecha segura de abuso, ahí hay una razón para investigación. Esa investigación, que es diferente al hacer un juicio, necesita ser llevado a cabo por las autoridades de policía, no por la persona que tiene la sospecha.
Refiriendo la investigación a las autoridades civiles para que la lleve a cabo resulta en una división productiva de responsabilidades y pone la investigación en las manos de personas entrenadas a llevarla a cabo de una manera justa y balanceada.
Cuando los indicadores son menos específicos y no se levantan al nivel de una sospecha razonable de abuso, nosotros ponemos hincapié que el personal y voluntarios de nuestras parroquias y escuelas compartan sus observaciones con sus supervisores inmediatos o consultores más cercanos para que con su asistencia el indicador sea evaluado hasta que esté bien claro el siguiente paso que se deba dar.
Cuando una investigación hecha por un aplicante de la ley no produce evidencia de abuso, no quiere decir que nuestra responsabilidad con el niño se haya terminado. Es crítico que continúe la investigación porque puede llevar a más información y a un reporte suplemental o acción correctiva.
Más allá de reportes de abuso o acción correctiva por comportamiento imprudente, tampoco debemos olvidar nuestra obligación de extender la mano, cuando se ponen en las manos de los aplicantes de la ley para que ellos lo hagan, en un esfuerzo de ayudar a las familias afectadas por abuso o cualquier otro problema con que se puedan enfrentar, psicológicamente y financieramente.
Para más información acerca de señales de abuso, por favor lea el siguiente folleto: Cómo reconocer el maltrato de menores: Los síntomas y los indicios Child Welfare Information Gateway, Marzo 2008. www.childwelfare.gov/pubs/factsheets/sp_signs.cfm
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