Un Drama para Reflexionar En Ocasiones la Vida da Lecciones no Pedidas
Posted on by AdminPor Eleazar Ortiz
En ocasiones la vida nos da lecciones no pedidas. Las experiencias diarias van quedando olvidadas en los intersticios polvorientos de los días y los años. La tranquilidad de una vida se mide desde el punto de vista del yo. Es uno el que decide cómo es la vida de uno y es uno quien asimila las experiencias o va dejando olvidadas lecciones muy costosas en una existencia.
Estos días me ha tocado vivir una experiencia ajena que me destrozó el corazón: Una joven de escasos 17 años, viviendo un remolino existencial al ser testigo de primera fila del divorcio de sus padres.
Me di cuenta de que la niña llegaba tarde todos los días a su primera clase. Ante estas circunstancias, uno decide aplicar el reglamento y asunto arreglado o darle una aproximación humanista a la situación. Una mañana que firmaba su llegada tarde noté que recién había llorado. Al preguntarle sobre lo que sucedía me pidió salir del salón. Ahí fue donde me comentó como la vida le estaba brindando una lección no pedida.
Supe que sus padres se divorciaban después de un matrimonio de más de veinte años. A raíz de esto, su padre se había salido de su casa y su hermanita menor y ella se habían quedado con su mamá. Por motivos del trabajo de su madre, la muchacha tenía que arreglar a su hermanita, darle desayuno y llevarla caminando a su escuela. Después de hacer eso, la estudiante se encaminaba a su propia escuela. Este era el motivo de sus tardanzas diarias.
La situación económica está afectando muy fuerte y de manera negativa a nuestra comunidad. El papá había perdido el trabajo y todo se les vino encima en cuestión de meses. La familia perdió su casa y, en estos malabares del destino, por algún rincón oscuro de sus horas, se les olvidó el amor. La situación había tomado de sorpresa a la muchacha y, aunque se veía físicamente agotada esa mañana, su temperamento se veía muy fuerte. Ahora venía la lección no pedida para mí.
Al comentarle que no descuidara sus clases, ella me aclaró que al contrario. Había decidido dedicarle su mejor esfuerzo a su educación. Me aclaró que el problema del divorcio se veía venir tiempo atrás y que ella ya tenía su plan. No iba a meterse en los problemas de sus padres. Me aclaró que los quería mucho a los dos y que no quería lastimar a ninguno. Cuando el polvo se asiente, me dio a entender, ellos me comprenderán. Ella quería cuidar de su futuro y de la seguridad de su hermanita. Me aseguró que al final del semestre me enseñaría sus calificaciones y que serían las mejores que jamás hubiera logrado obtener en la escuela.
La calidad de un ser humano no se puede juzgar por unos hechos aislados en su conducta diaria. Si hubiera aplicado el reglamento fríamente y sus consecuencias, creo que nunca hubiera tenido la oportunidad de conocer a un joven espíritu guerrero. Doy gracias a Dios por haber tenido la oportunidad de negociar con la estudiante sus tardanzas. Una vez más insisto que la vida nos brinda lecciones muy ricas y nos llegan solas, no las pedimos.
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