Orientacion Familiar Personalidad
Posted on by AdminPor Lucero de Dávalos
Se dice que alguien tiene personalidad cuando, en la diversidad de sus pensamientos, afectos y obras, se descubre una unidad fuerte y coherente, un centro homogéneo, un sujeto único que piensa, quiere y actúa de un modo determinado.
La segunda nota que aparece en una verdadera personalidad es la identidad, la continuidad, la permanencia: de modo que debajo de los constantes cambios de la vida, la persona sea idéntica a sí, sea ella misma.
La tercera cualidad de la personalidad es la autonomía, la libertad responsable, de tal manera que sea causa consciente y voluntaria de todo lo que se hace; que no se obre de un modo automático, inconsciente, instintivo –con espontaneidad de carácter animal–, sino de un modo autónomo y responsable, y se puede dar siempre razón de lo que se hace, e incluso también una misma última razón de esas razones parciales.
En eso –con las tres cualidades de unidad, permanencia y responsabilidad– consiste esencialmente la personalidad psicológica o moral; y no es distinguirse de las demás personas, con extravagancias, estando en continua dependencia de lo que hagan, para hacer lo contrario y de este modo sobresalir.
Toda personalidad auténtica denota una riqueza interior, que se manifiesta en una serie de actitudes esenciales, permanentes, que nada tienen que ver con la necedad. Esa unidad es flexible, la riqueza interior mueve a actuar de diverso modo, pero siempre con plena coherencia, con sentido común. Una rica personalidad dispone siempre de nuevos horizontes porque permanece en los principios; sabe lo que es secundario y susceptible de cambio, y sabe expresar lo esencial de mil maneras diversas.
No pocas personas se pasan la vida imaginando lo que habría de ser su personalidad. Ensayan actitudes o criterios o tratan incluso de mantener su decisión cuando ya no tiene sentido. Sólo para no desdecirse, por “personalidad”. O bien son juguete de las circunstancias y son como veleta sometida a todos los vientos.
La personalidad es fruto de nuestro ser espiritual, porque nuestra individualidad es la de un sujeto racional y libre que puede orientar –y en cierto modo realizar su propia vida–, en vistas de un fin último único que elige y se propone alcanzar. Por eso, la personalidad no depende del temperamento. Como resultado de herencia o del medio ambiente, el temperamento no será más que una parte de la materia que la personalidad deberá trabajar, pulir y limar.
La personalidad tiene tres elementos constitutivos, mutuamente condicionados, que corresponden a las tres dimensiones de nuestra formas de actuar: el conocimiento, el amor y las acciones positivas.
La fuente primaria de la personalidad es el conocimiento. Hay personalidad cuando se tiene un criterio seguro y universal sobre las cosas, lo que puede aplicarse a todas las circunstancias; cuando nuestros pensamientos no están deshilvanados y divididos –por obra de una inestable imaginación o de una oscura ignorancia–, sino que son orgánicos y jerárquicos.
