Felicidad: un propósito elevado que guía nuestros pasos
Posted on by AdminMané es un personaje de ficción. Ella, artista de teatro y diva de la vida, lleva siempre el deseo de vivir. No es una genio y, sin embargo, sus conversaciones y diálogos son una mezcla de picardía sazonada con ironía y que envuelven verdades y conectan al lector con el texto. Mané es un personaje de una novela, Diez mujeres, de la autora chilena Marcela Serrano. En su carrera artística, conoce en una sola noche el resplandor de una estrella. Fue una noche de estreno y ella era la protagonista. Tenía de invitado especial a su esposo quien a su vez era poeta. Mané triunfa esa noche pero pierde a su esposo. Éste muere atropellado en una calle cuando se dirige al teatro. A partir de ese momento, Mané pierde el rumbo de su vida. A la medianía de edad empieza un calvario que no había imaginado y cae en lo peor que la vida ofrece cuando se acaba la esperanza. Pasa el tiempo y le llega el tiempo que ella llama de la serenidad. Con una exigua ayuda económica de su retiro, vive dignamente o desvive lentamente sus recuerdos. Ella, en un punto de su vejez acepta: “La vida me había dado un regalo enorme: había sido amada. Y había amado a mi vez”.
Mané es un personaje ficticio pero deja una gran lección su filosofía de la vida. ¿Qué pedimos a Dios cuando la lista de necesidades es inmensa? Si somos seres normales y no santos, le pedimos un poco de todo. Este día dame paciencia con mis hijos, con mi esposo. Probablemente le pedimos que nos ilumine para tomar la mejor decisión en el negocio que tenemos enfrente. Pedimos por los hijos, papás, nietos, suegros, etc. y al terminar el día, si todo fue bien, al acostarnos, ya no repetimos la lista matutina sino que decimos “gracias por todo lo que me diste este día”. Yo acepto que no sé cómo pedir a Dios.
Después de muchas lectura y estudios, Tony Hsieh en Delivering Happiness, concluye que hay tres tipos de felicidad. La que da el placer y que dura lo que dura el estímulo. Éste puede ser dinero, una casa nueva, autos, etc. Se termina el estímulo y la felicidad se acaba. La segunda es la felicidad que brinda la pasión. Ésta es más duradera y en ella, el más alto rendimiento cumple con el más alto compromiso. Se usa el ejemplo de un atleta en sus años de mejor rendimiento. Finalmente está la felicidad que se obtiene cuando se tiene un propósito más elevado y que se es parte de él. La felicidad resultante de buscar un propósito más elevado que uno mismo es la más duradera.
Buscando la similitud entre una vida normal que puede ser la mía o la de Mané acepto el consejo justo de Tony Hsieh, en Delivering Happiness, que para ser felices debemos buscar en la vida, primero, un propósito elevado que guíe nuestros pasos a través de una felicidad duradera; Mané equivocó el camino y primero buscó el placer, luego se envolvió en la pasión por el teatro para, en su soledad aceptar, que había tenido todo para ser feliz porque pudo haber hecho del amor el propósito más elevado de su existencia y no lo buscó y cuando lo tuvo a su lado, no se dio cuenta.
El amor está a nuestro alrededor y creo que esa debe ser nuestra petición diaria: dame oportunidad de amar y de ser amado. Con el amor de Dios vamos creando en las redes del día propósitos superiores en nuestras existencias. Pero hay que expresar y vivir el amor y no pensar como el estudiante que preguntó, “si no odio ¿quiere decir que amo? No. Tienes que reconocer el amor donde lo encuentres, tienes que gozarlo y tienes que cuidarlo. Lo demás llega solo.
Eleazar Ortiz
