Reporte abuso sexual
Posted on by AdminAbuso sexual es una cosa horrenda.
Eso es horrible especialmente para un niño o un joven. Eso crea inmediatamente heridas que se convierten en cicatrices que no se pueden olvidar.
Nuestro reconocimiento de abuso sexual como una cosa horrible está reflejado en todo lo que hacemos en nuestro Programa diocesano de Ambiente Seguro para prevenir que suceda a los niños y a jóvenes cuando están en nuestras parroquias y escuelas y también cuando estén con aquellos quienes ministran en nuestras parroquias y escuelas.
Sabemos que no podemos prevenir todos los daños. Reconocemos la realidad de que muchos de los daños de abuso sexual que experimentan los niños y jóvenes ocurren en lugares fuera de las parroquias y escuelas, incluso sus propios hogares, entre sus propias familias.
Dondequiera que esto ocurra, quienquiera que lo haga, los efectos horribles de abuso sexual están bien documentados.
Hay generalmente tres clases de síntomas, síntomas de los cuales educamos al personal escolar y voluntarios de nuestra parroquia a que sean sensitivos.
Niños que han sido abusados sexualmente muestran indicaciones de desorden de tensión post-traumática. Este síndrome puede envolver relevo involuntario de trauma en varias formas, o algunas veces peleando ese recuerdo distrayéndose o evitando gente o situaciones que les recuerden del abuso.
Este estrago con memorias vívidas del abuso es mucho más común que la inhabilidad de recordar algunos aspectos del abuso, mucho menos la inhabilidad de recordar el abuso del todo.
Junto con o hasta como resultado de este estrago con recuerdos recurrentes del abuso, hay frecuentemente otros síntomas de tensión.
Algunas veces hay reacciones externalizadas tales como actividad sexual impropia, arranques agresivos o estar siempre a la defensiva, como si peligro se encuentra en cada rincón.
Muy comúnmente hay sentimientos de tensión internalizados. Estos pueden incluir una sensación de soledad, depresión o ansiedad, problemas en dormir o concentración, o generalmente emociones bruscas.
Estos síntomas con frecuencia no ocurren uno a la vez y no son solamente evidentes durante la niñez, pero algunas veces perduran muy dentro en la vida adulta.
Este entendimiento de los tristes resultados del abuso sexual de menores y jóvenes es sin duda alguna muy pesados, pero eso no es el fin de la historia. Bueno, aquí hay buenas noticias: tratamientos sicológicos pueden ser muy efectivos en la reducción de esos síntomas.
Tuve la oportunidad de leer un reporte recientemente publicado acerca de resultados de tratamiento. El autor revisó 35 estudios de los efectos de tratamiento para jóvenes menores de 18 años que habían sido abusados sexualmente.
Ellos encontraron que había un razonable buen efecto del tratamiento sicológico en cada uno de los tres síntomas. Naturalmente, no todos los niños se beneficiaron, pero en promedio, hubo mejoramiento, y ese mejoramiento pareció tener permanencia.
También hubo algunas indicaciones como de las clases de tratamientos que son más efectivos, que animan a clínicos a continuar desarrollando tratamientos específicamente designados a contrarrestar los varios efectos adversos de abuso sexual. Así como con cualquier estudio de investigación, los resultados solamente apuntan al camino adelante. Como luego dicen, “más investigación es necesaria.” Aun así, los resultados de las investigaciones están llenos de esperanza.
Si llegaras a darte cuenta que una criatura que tú conoces es víctima de abuso, reporta a la policía, y no pierdas la esperanza. Consigue ayuda para el niño y todos los demás afectados secundariamente.
Por el bien común de todos los niños en las comunidades de nuestra diócesis y especialmente por niños abusados, se un protector de las agencias que provén o buscan ayuda para las víctimas de abuso.
Date a oír y escribe dando a conocer tu apoyo para que estas agencias no sean olvidadas en las batallas sobre el presupuesto
Como Iglesia y como una comunidad cívica, donde haya sufrimiento, trabajemos hacia la sanación.
Si tú o alguien a quien conozcas ha experimentado abuso por un sacerdote, diácono, hermana, hermano, empleado o voluntario de la Iglesia Católica Romana o por la Diócesis de Tucson – no importa cuándo o dónde sucedió el abuso – les urgimos que reporten el abuso inmediatamente a la policía. También les animamos a que llamen al Programa de Asistencia a Víctimas de la Diócesis de Tucson al 1-800-234-0344 en Arizona y la Oficina de Protección de Niños, Adolescentes y Adultos de la Diócesis de Tucson al 520-792-3410. Más información está disponible en www.diocesetucson.org/ocaap.html.
