La Vida es el Arte del Encuentro
Posted on by AdminEl 9 de Julio del 2011 fue un día triste en el entorno latinoamericano, para los amantes del arte, del canto, de la paz, del amor y la poesía. En la ciudad de Guatemala, ocho balas asesinas enmudecieron para siempre la garganta y aniquilaron el pensamiento del eterno trovador argentino enamorado de la paz, del canto, de la libertad y de la justicia: Facundo Cabral. Este prolífico cantautor vio la luz de la vida por primera vez un 22 de Mayo del 1937. Y desde que vio la luz, los colores, las culturas, y los enigmas de este planeta azul, se enamoró de todo. Y le cantó a la vida; le cantó a la paz; le cantó a Dios; le cantó a la libertad; le cantó a la mujer; le cantó a la justicia, le cantó al paraje latinoamericano y a la campiña provinciana.
Decía: “Cada mañana es una buena noticia, cada niño que nace es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada canto es un soldado menos. Mi madre fue la primera gran noticia que conocí”. A pesar de haber tenido una niñez marcada por la austeridad, mas tarde, en su sendero, Facundo sintió el flujo inexorable de la vida, y se convirtió a la postre en una de esas figuras que hacen vibrar las fibras más ocultas del corazón humano.
Él lo hizo magistralmente con su canto y su poesía su “Red Revolucionaria”. El otrora nominado al premio nobel de la paz, proveniente las pampas argentinas, es ya patrimonio de la humanidad, de los filántropos, de los bohemios, de los pacifistas, de los humanistas, de los filósofos y de los predicadores. “La vida es el arte del encuentro” proclamaba por doquier. ”Debemos encontrarnos para confirmar que la humanidad es una sola familia y que habitamos en un país llamado Tierra. Somos hijos del amor”.
Vale la pena recordar algunas de sus célebres afirmaciones acerca de la vida, de la felicidad, de la muerte, del amor, de la vejez, de los hombres, etcetera. A los deprimidos les dijo: “No estás deprimido, estás distraído, distraído de la vida que te puebla. Distraído de la vida que te rodea: delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay 5,600 millones.
Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la Tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perugia, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileiros, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman, Mahler, Mozart, Chopin, Beethoven, Caravaggio, Rembrandt, Velásquez, Picasso y Tamayo entre tantas maravillas”.
Del amor y el odio expresó: “Ayuda al niño que te necesita, ese niño será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos, y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas. Además, el servicio es una felicidad segura, como gozar a la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medida.
Ama hasta convertirte en lo amado, más aún hasta convertirte en el mismísimo amor. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruya hay millones de caricias que alimenta a la vida”. A los que sufren una pérdida, Facundo los consoló con estas palabras: “No perdiste a nadie, el que murió simplemente, se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de Él, el amor, sigue en tu corazón.
¿Quién podría decir que Jesús está muerto? No hay muerte: hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Michelangelo, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre. También definió a la vejez como “la estación serena de la vida”. Y cuando empezó a perder la vista no le reclamó a Dios. Más bien dijo: “Demócrito se hizo quemar los ojos para poder pensar, porque decía que el mundo es tan bello que lo distraía. Yo ya vi tanto.
¡Caramba, el mundo es tan bello! Flores, reptiles, mares, océanos, volcanes, osos polares; hay hasta delfines rosados; las mujeres que son tan bellas. ¡Ah, mi Dios, el mundo es una fiesta. Nunca entendí a la gente que se aburre”. De Jesús dijo: “Jesús ha vuelto a la Tierra. Mi corazón y tu corazón lo saben. Pero tenemos tantas distracciones que todavía no lo podemos encontrar. Tal vez nos sirvió café en Buenos Aires, o trabaja en Córdoba, o nos ayudó a recuperar la democracia, o es un zapatero en Tucumán. Pero mi corazón sabe que Jesús ha vuelto a la Tierra.”
El que dijo que “la vida es un poema”, pensó poéticamente en su propio final: “Cuando en la noche se refleje mi antigua duda y ya no vea en ella mis ojos. Entonces cambiaré mi torpe cuerpo por las alas con las que entraré en la mañana del despertar eterno, mas allá de los sucesos momentáneos”. ¿Porque asesinaron a Facundo? ¿Por cantarle a la esperanza y a la paz? ¿Fue un accidente? Quizá nunca sepamos los motivos. Lo que sí sabemos es que su pensamiento y su poesía es ya patrimonio de la humanidad.
De su propia sensibilidad poética y humanista podemos concluir: Realmente la vida es un encuentro. Nosotros nos encontramos contigo. Y esa fue nuestra “gran noticia”. Gracias por recordarnos, en medio de las guerras, que somos “hijos del amor”. A ti nada te distrajo de tí mismo. Te dedicaste a vivir y nunca tuviste tiempo para otra cosa. Unas balas silenciaron tu existencia para siempre pero sabemos que “el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso; una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruya hay millones de caricias que alimenta a la vida”.
El mundo no te perdió. Simplemente te nos adelantaste, porque para allá vamos todos. No hay muerte: hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Michelangelo, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu mamá y tu abuela. Tu cuerpo fue solo un vehículo que te llevo de la cuna a la tumba. Tu espíritu, tu alma, y las ideas que armaron tus neuronas, permanecerán siempre en la consciencia de los amantes del arte y de la paz.
